Palermo, el mayor casco histórico del Mediterráneo

Empiece por el centro del centro: ubíquese en los Cuattro Canti y reconozca en las cuatro fachadas teatrales a los cuatro monarcas españoles que, además, fueron reyes de Sicilia: Carlos V y los Felipes II, III y IV. De paso, para cargarse de energía, que falta le va a hacer, tómese un café en sentido literal en el contiguo Bisso Bistrot (Via Maqueda 172). El que fuera café Umberto I en el siglo XIX, y librería histórica hasta hace un año, ha recuperado de nuevo sus salones con preciosos frescos modernistas como para café restaurante.

Piazza Quatro Cantoni, xilografía de Giuseppe Barberis

Al lado, la piazza Pretoria, alias Delle Vergogna, con su espectacular fuente (ahora puede transitar, prego con atenzione, recientemente un turista se cargó un mármol, entre las estatuas desnudas que le dieron el nombre). Frente a ella, el Ayuntamiento que también permite visitar libremente sus salones de aparato en el primer piso.

A sus espaldas, la icónica Piazza Bellini, con las cúpulas de San Cataldo y la Martorana, iglesias arabonormandas recientemente incluidas en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El interior de la Martorana es algo así como un menú degustación  de cuanto nos va a ofrecer la ciudad y Sicilia: columnas griegas con una inscripción en árabe, cegadores mosaicos bizantinos, frescos y mármoles barrocos.

Hermosos mosaicos bizantinos en el interior de la Martorana. Fotografía de Andrew & Suzanne

Y ahora, al lío. Subiendo por Via Maqueda y pasando por los palacios Comintini y Sant’Elia (con visita gratuita tanto para usted como para quien dijo que no había mucho que ver en Palermo), adéntrese en el Mercato Ballaró. Palermo en vena: puestos espectaculares de fruta, de carne, de pescado, de todo, con vendedores que vociferan en siciliano.

Palermo es reconocida internacionalmente como una de las capitales de la comida callejera

No sé qué dirán las normativas europeas sobre ese modo de venta, pero de la calidad y frescura de los alimentos dan fe los palermitanos que hacen la compra a diario, y también el viajero que compra un tentempié de “cibo di strada”, la comida callejera, y es que Palermo es reconocida internacionalmente como una de sus capitales. Sin lugar a dudas, la gasolina que le permitirá continuar y reservar para la noche el descanso en un restaurante.

Una ciudad de contrastes

Para empezar, cáigase de espaldas entrando en el complejo monumental del Gesù, con un espectáculo de mármoles como no habrá usted visto en lugar alguno. Apenas unos cientos de metros más adelante llegamos al epicentro monumental de la capital: la catedral, el convento de San Giovanni degli Eremiti, y sobre todo, lo más de lo más: la Capilla Palatina del Palacio Real, quizá la más exquisita muestra del arabonormando. Los tres monumentos son Patrimonio de la Humanidad.

Dos ofertas posteriores diametralmente opuestas: subir en bus a Monreale, la “iglesia de oro”, uno de los templos más hermosos del mundo, con un claustro que no le va a la zaga, o descubrir el espectáculo peculiar de los cientos de momias de las catacumbas de los Cappuccini que fascinan a los turistas (¡especialmente a los niños!). No deje de conocer a Rosalía Lombardo, “la momia más bella del mundo”.

El interior de la Martorana es algo así como un menú degustación  de cuanto nos va a ofrecer la ciudad y Sicilia: columnas griegas con una inscripción en árabe, cegadores mosaicos bizantinos, frescos y mármoles barrocos.

Al atardecer, piérdase por el barrio de la Kalsa junto al mar (hasta hace poco abandonado con sus docenas de palacios e iglesias, ahora, en torno a calles que recuperan lentamente su esplendor como Via Paternostro, lugar de moda para comprar en boutiques estilosas, copas y restaurantes de diseño). Su epicentro, el museo Abatelis, con obras inolvidables. Algo más ligero, la visita al estupendo Museo Internacional de las Marionetas.

Si se le ha hecho de noche, le propongo un concierto de jazz en las ruinas de Lo Spasimo, o una cena… por ejemplo en la Ostería Ballaró (Via Calascibetta 25, un callejón junto a Piazza Borsa), con una preciosa decoración actual y ubicada en las caballerizas del palazzo Cattolica cuyos patios columnados se ven desde la sala. Para algo más ligero e inventivo, si cabe, en la cercana Via Vittorio Emanuele, 176 encontrará el Buatta. Este local está ubicado en una histórica tienda de maletas de 1870 transformada con un impactante diseño actual (cuando los palermitanos se ponen modernos, lo petan), un templo reciente de la cocina popular y callejera con precios sorprendentemente moderados.

Buatta es un templo de la cocina popular y callejera

Si aprieta el calor, mejor cenar en la cercana y enorme Piazza Marina donde el problema es elegir entre sus numerosos restaurantes tradicionales con terraza, intercalados de otros tantos monumentos ¡Con menús tan concentrados nuestro paseo dará para más de dos días!

Segundo día

Siguiendo con lo fundamental, visite el recientemente remozado Museo Arqueológico, con maravillosos fondos griegos y romanos en la sucesión de patios de un antiguo convento. En el entorno, docenas de iglesias y otra de las joyas de la ciudad: los Oratorios decorados por Serpota, el genio del estuco (San Lorenzo, Santa Zita, el Rosario). A estas alturas ya se habrá habituado a la visión de la basura callejera como un atractivo más (no, no hay huelga de recogidas –que también abundan- es la situación normal).

El teatro Massimo es uno de los grandes templos de la ópera internacional. En su escalinata se rodó la última escena de la trilogía El Padrino.

Por callejones (¡ay!, ya invadidos por oferta turística), asoma la joya de la ciudad: el Teatro Massimo, el mayor de Italia y el tercero de Europa y uno de los grandes templos de la ópera internacional. Aunque no tenga la suerte de coincidir con una función, podrá hacer una visita guiada mientras recuerda la última escena del El Padrino III. Detrás del teatro (pasando por el gigantesco edificio del Palacio de Justicia, sede de los más celebres juicios contra los grandes capos de la Mafia), empieza el mercado de Lo Capo, otro de los mercados históricos que, desde el siglo X, con la dominación árabe, conservan el intrincado aspecto de un zoco y son una de las atracciones de la ciudad. A lo largo de sus calles, otras tantas iglesias inesperadas, como los mármoles azules que recubren La Concezione.

Interior del Teatro Massimo

Más comida callejera, más contrastes (suba a la terraza de diseño de La Rinascente, en Piazza San Domenico, para orientarse, mientras toma su enésimo café). Tanto si no tiene un euro y tiene muy pocos años como si no le importa el vil metal para darse a una experiencia sensorial, a dos pasos tiene un planazo para la noche. En el primer caso, vaya a la Via Argentería es el centro de la gamberra (¿quizá demasiado?) movida callejera, música y comida incluida, de la ciudad. En el segundo caso, siga unos metros más, y el Ristorante Gagini (Via Casari 35) y el Bocum Mixology (Via Cassari 6) le esperan.

Con algún kilo de más en su maleta y en su cintura, empezará la duda sobre si seguir consumiendo Palermo, irse a dar un baño a la cercana playa de Mondello… o subir al panorámico santuario de Santa Rosalía para pedirle a la adorada patrona que le ayude a dosificarse en un próximo viaje. Y si es posible, sin huelga de basuras, y con media docena de iglesias y palacios recuperados. Si la visita fuese en 2018, recuerde: Palermo será la Capital de la Cultura. Méritos no le faltan.