El poeta ciego Homero, de quién poco se sabe, escribió en griego arcaico la Odisea y la Ilíada, sus dos obras fundamentales (porque son fundamentos de toda la narrativa occidental) que todavía hoy seducen a guionistas y productores cinematográficos. A través de las imágenes reconstruyen, en general con poco éxito, una época oscura, la de los orígenes de la llamada civilización occidental, nuestra civilización, nuestra cultura, sobre todo la cultura mediterránea.

La primera novela de aventuras

Es archisabido que la Odisea es la primera novela de aventuras y que su protagonista, Odiseo (Ulises para los latinos), es el primer aventurero, de astucia admirable y energía inagotable. Ulises recorre el mar Mediterráneo superando los peligros con los que se topa, o en los que cae sin remedio, cuando intenta regresar, tras la guerra de Troya, a su isla, a sus tierras, de las que es el rey, y a su familia dejada tiempo atrás.

Manuscrito del canto I de la Odisea, British Museum.

En Ulises, en la Odisea, se inspiraron, o más bien copiaron a destajo, los guionistas de la coproducción cinematográfica italo franco americana, Ulises, de 1954, bajo la dirección de Mario Camerini, un realizador más que experimentado que, ni antes ni después dirigiría otra obra tan destacada. Y es que su película causó sensación entre el público de todo el mundo.

En Italia fue la película más taquillera de la temporada. No solamente porque Kirk Douglas, ya un actor conocido, interpretara al personaje de Ulises; o porque Penélope, su fiel y paciente esposa, era la famosa Silvana Mangano, que se desdoblaba en el personaje de la cautivadora Circe; ni porque la actriz emergente, Rossana Podestà, en el papel de Nausicaa, embelesaba con su  belleza, ni porque el papel de su padre, Antinoo, fuera de Anthony Quinn, siempre sólido en apariencia y en interpretación…, sino porque el genio del viejo Homero, las aventuras del viejo Odiseo, salían al fin del libro minoritario y a través de la magia del cine llegaban al gran público.

Ya fuera por las exigencias de la síntesis narrativa o para eludir el incremento de presupuesto de la producción, el hecho es que los guionistas cambiaron el orden del relato original, suprimieron algunos episodios, modificaron otros, siempre conservando, esos sí, la esencia de la lucha épica y genuina del personaje Ulises por superar los peligros sucesivos que una y otra vez le enviaban los dioses, empeñados en que nunca llegara a Ítaca, su isla.

Los estudios de Cinecittà

O sea, que la película no empieza con la reunión celebrada por la caterva de dioses del Olimpo al final de la guerra troyana, tal como narra el Canto primero de Homero, sino con la secuencia en la que la esposa de Ulises y su hijo Telémaco lamentan la larga ausencia del esposo y padre del que nada saben desde que partiera a aquella guerra con las huestes de Menelao. Es una escena de interiores, por utilizar terminología cinematográfica, rodada en los estudios de Cinecittà, en Roma, lugar en el que se rodarían el resto de escenas que no exigían estar al aire libre.

Se inauguraba así el uso de los grandes estudios cinematográficos de Roma para filmar las películas que se conocerían bajo el nombre genérico de “peplum”, refiriéndose a aquellas ambientadas en la época clásica, griega o romana, destinadas al gran público.

Decorados de Cinecittà. Fotografías de Carole Raddato y Jean-Pierre Dalbéra

En una segunda secuencia, esta en exteriores, la princesa Nausícaa, que vive lejos de Ítaca, en la isla hoy conocida como de Corfú, encontrará a Ulises inconsciente, tirado en la arena de la playa. Es un náufrago y ha perdido a los compañeros con los que navegaba, ha perdido la memoria, no sabe ni cómo se llama, pero poco después, ya en brazos de la princesa y con la mirada puesta en el mar Mediterráneo, empezará a recordar las aventuras vividas…

La primera que contará y que veremos será la del enfrentamiento con Polifemo, el gigante de un solo ojo… a quien engañará para salvarse y salvar a sus compañeros después de emborracharse con el vino que acaban de destilar, y de cegarlo con la punta de un palo endurecida por el fuego.

Vestíbulo de Polifemo en la Villa Romana del Casale, Sicilia.

Así que la película va de flash-back en flash-back, desarrollando los episodios más entretenidos de la obra homérica, y deteniéndose deliberadamente en algunos de ellos, como es el caso de la pasión amorosa que viven Ulises y la maga Circe en la isla Eea, que se sitúa más o menos en el Mediterráneo occidental, en la ribera de la región del Lazio italiano, o eso dicen los que saben de mitología.

Nuestro mar aparece una y otra vez a lo largo de la película, en la calma del luminoso azul y en los grises amenazantes de las olas furiosas, convirtiéndose en un protagonista más.

A Ulises y los suyos los veremos también navegando en plena tempestad, él atado al mástil para poder escuchar los cantos malignos y a la vez encantadores de las sirenas mientras sus compañeros, atados a los remos, se tapan los oídos con cera para no dirigir el barco hacia los escollos puntiagudos de la costa.

Y es que nuestro mar aparece una y otra vez a lo largo de la película, en la calma del luminoso azul y en los grises amenazantes de las olas furiosas, convirtiéndose en un protagonista más, porque abastece y también ampara, atrayendo la mitología de hombres y mujeres, de semidioses y de grandes dioses y  diosas, viviendo todos los primeros balbuceos de la narrativa transformada en Cine.