Hoy producimos alrededor de 300 millones de toneladas de plástico al año y 8 de ellas acaban en los mares y océanos. Se estima que actualmente hay unas 150 millones de toneladas en nuestras aguas y sin embargo la fabricación de productos de plástico no deja de aumentar. Los datos son obscenos: cada año utilizamos 500 billones de bolsas de plástico en todo el mundo, más de un millón por minuto, con una vida útil de no más de 15 minutos… el 40% de lo que producimos está destinado a embalaje y únicamente el 14% de estos plásticos se recicla. Se han encontrado “islas” de basura formadas en su gran mayoría por microplásticos en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. En ausencia de un plan de acción para reducir la cantidad de plásticos que llegan al mar, se calcula que en el año 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

 

Efectos de los plásticos en el medio ambiente y en la salud humana

Los océanos son fundamentales para la salud de nuestro planeta y nuestra supervivencia. El 70% del oxígeno que respiramos procede de las plantas marinas y los océanos absorben el 30% de las emisiones de CO2 producidas por los humanos.

Los plásticos permanecen en el medio ambiente durante cientos de años en su forma original y, durante periodos de tiempo más largos, deshechos en pequeñas partículas. Estas micropartículas de tamaño inferior a 5mm, actúan como imanes de sustancias tóxicas que acaban introduciéndose en los organismos de las especies marinas. Hay como mínimo 690 especies marinas afectadas, desde el plancton hasta las ballenas. El 90% de las aves mundiales tienen trozos de plástico en sus estómagos y más de un cuarto del pescado de los mercados de Indonesia y California contiene partículas de este material. La entrada de sustancias de plástico en la cadena alimenticia tiene efectos catastróficos, no solo en el medioambiente, sino también en nuestra salud.

El cambio es posible

Aunque las cifras son alarmantes no hay que perder la esperanza. Son muchas las iniciativas que están surgiendo para denunciar y revertir esta tendencia y asegurar un futuro libre de plásticos para nuestros océanos y mares.

La eminente bióloga marina, exploradora de la National Geographic Society, Sylvia Earle, capitanea Mission Blue una asociación cuyo objetivo es proteger los océanos del mismo modo en que ahora protegemos la Tierra; porque como dice la Sra. Earle: “Si no hay agua, no hay vida. Si no hay azul, no hay verde.”

Otra gran artífice del cambio es Ellen MacArthur, que en 2005 se convirtió en la persona que ha dado la vuelta al mundo en solitario más rápido. Años después, inspirada por las lecciones aprendidas en sus travesías, desarrolló la Ellen MacArthur Foundation. Esta fundación es la responsable del programa New Plastics Economy que trata de re-pensar y re-diseñar el futuro de los plásticos y pretende aumentar la tasa de reutilización y reciclado de los envases de plástico del 14% actual al 70%.

El proyecto europeo Interreg MED Blueislands es también una iniciativa que analizará y propondrá soluciones a los efectos del incremento de los residuos durante el período veraniego en nueve islas del Mediterráneo: Mallorca, Cerdeña y Sicilia, Malta, Rab, Creta, Rodas, Mykonos y Chipre. Durante tres años trabajarán para desarrollar y elaborar medios eficaces para solucionar este problema.

La Agencia de Residuos de Cataluña (ARC) colabora también en la prevención de los residuos de plástico en el Mediterráneo a través de sus proyectos Marviva, ACT4litter y Marine-litter MED.

La fundación Plastic Oceans realiza un trabajo extraordinario en su objetivo de cambiar la actitud mundial hacia el plástico en una generación. Ha rodado un documental, en el que participan grandes científicos y narradores como Sir David Attenborough, que denuncia el problema de los plásticos en el mar y sus efectos en la salud humana.

Destaca también en Francia el trabajo de 7ème continent y en España el de Greenpeace y su campaña “Mejor sin plásticos” que llevó a cabo más de 20 limpiezas en playas, ríos y embalses de todo el país. Pero son muchas las iniciativas y campañas de sensibilización que se realizan a nivel global, y poco a poco vemos resultados.

¿Qué puedo hacer yo?

Lo mejor que podemos hacer para ayudar a la protección de la vida marina es reducir el consumo de plásticos y replantearnos la filosofía de usar y tirar. Greenpeace nos lo pone fácil en su listado de sencillos pasos:

  • Evita las bolsas de plástico de un solo uso. Utiliza bolsas de tela, cestas o carros.
  • Prioriza la compra de botellas y envases reutilizables y/o retornables.
  • Comprueba los ingredientes de tus cosméticos y evita los productos con microplásticos: polietileno (PE), polipropileno (PP), PET, PMMA y/o nylon.
  • Rechaza envases y utensilios de un solo uso como vasos, cubiertos o pajitas.
  • Deposita los residuos plásticos en el contenedor adecuado.
  • Evita artículos con exceso de embalaje (ej. bandejas de poliespan plastificadas), y prioriza los productos a granel.